Imperio napoleónico, análisis y comentario.

Historia contemporánea.
Heu d’explicar quina situació reflecteix el mapa. Com i perquè s’ha arribat a aquella situació. Què està passant en aquells moments i quines conseqüències tindrà.
Extensió màxima del treball: 3 pàgines
Data i hora límit d’entrega: dimecres 10/04/2013, 18:00 h

Imperio Napoleónico (1810)

Trabajo final:

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Comentario del mapa de la expansión francesa en 1810

Julio César Casas Pietrini

no es exagerado decir que todas las naciones (Europeas) juntamente con sus instituciones fueron modificadas por la expansión o imitación de la Revolución Francesa.

Hobsbawm.

 

Es un mapa único en la historia Europea y demuestra hasta qué punto la revolución francesa cambió el continente. A pesar de su nombre, el Imperio Napoleónico no se concibe sin el Estado fruto de la revolución y del posterior golpe de Estado de Brumario. Concebido para resistir las invasiones reaccionarias, tanto el simbolismo como las instituciones del poder, incluso el ejército, sirvieron a Francia para aguantar 25 años de guerras de expansión bajo la dirección y los objetivos de la burguesía francesa. El apogeo de la expansión militarista napoleónica es este mapa de 1810. El retroceso hasta la misma caída del “pequeño caporal” es otra demostración de que esa ideología revolucionaria era ilustradamente absoluta en muchos sentidos pero también en el de intolerancia a la “convivencia de sistemas”, como se le llamará en el siglo XX al fenómeno de coexistencia y la interacción de estados con sistemas políticos diferentes y opuestos. Pero lo que no podemos ver en el mapa es la causa última que posibilita la expansión de Francia; ni la de su ulterior derrota. Sabemos por Hobsbawm, y otros que la revolución francesa es la expresión exitosa, que en otras naciones europeas emergió con las invasiones francesas, y que podríamos definir como el ascenso de las clases medias al poder aupada gracias a los nuevos sentimientos patrióticos. Desde oficiales, abogados, funcionarios de carrera, pequeños comerciantes y profesionales liberales como periodistas, técnicos, ingenieros, etc. adquieren participación política y militar durante estos años.

Podríamos decir que la repetición de un imperio continental en Europa toma una naturaleza geográfica orientada hacia el báltico y la costa norte, a diferencia de los imperios precedentes que intentaban por todos los medios afianzar posiciones en la cara mediterránea del continente. La prolongación inédita de un Estado desde el Atlántico hasta el Báltico y el intento de bloquear el comercio inglés (bloqueo continental) forman un dibujo que no se repite hasta la IIGM. El imperio napoleónico es la consecución de la constante europea, heredera del Imperio Romano, de unir los pueblos bajo un Estado. Incluso la mitología y simbolismo de coronaciones, nombres y cargos que nombró Napoleón durante su “reinado” (imagen en anexo 1 y anexo 2) aluden al pasado imperial romano. Mientras que la guerra contra Inglaterra será un capítulo importante de la rivalidad económica y militar para controlar los principales puertos y acceder a los mercados coloniales de Portugal y España. La venta de Louisiana y el abandono del Mediterráneo a cambio de la aventura rusa demuestra la prioridad del momento, consolidar las conquistas europeas. Para conseguirlo se crean varios reinos, se deponen otros para coronar a hermanos y familiares de Napoleón. Las reacciones a esta reordenación territorial y la misma ideología revolucionaria llevaran a muchas naciones a reconocerse como tales y tomar conciencia de la nueva “soberanía nacional”. Otras entidades típicas medievales como las ciudades de Venecia, principados alemanes e incluso el propio papado se verán sacudidos sino absorbidos por los nuevos aparatos estatales y su racionalización de los recursos y de la organización territorial. La misma palabra “nación” adquiere entonces la acepción de unidad política o la otra “patria” como “nuestra propia nación, con todos los bienes materiales e inmateriales pasados, presentes y futuros”, como resalta el mismo Hobsbawm,1, y comienza a divulgarse la concepción de evolución social del grupo más pequeño y sencillo al más grande y complejo como un proceso bueno y deseable. Por supuesto las clases más liberales, la burguesía, apoyaba y promovía dicho proceso pues se beneficiaban enormemente frente a la depredación del comercio inglés dominante en Europa, supresión de aduanas, unificación y ampliación de mercados y desamortizaciones eclesiásticas. Según Javier paredes “el ejército formado durante la revolución era con mucho el mejor de Europa (…) motivado por la idea de que exportaba las bondades revolucionarias a los pueblos de Europa”². Parece claro que los posteriores hechos y sucesos políticos y el expansionismo a ultranza que llevó a cabo Francia a partir del golpe de Brumario de Napoleón (1799) ya no es defensiva sino que obedece a la nueva clase que controla el poder en París, la burguesía, que había apoyado el golpe de Estado y ahora va modificando el Estado, las fronteras y la estrategia militar a sus intereses económicos. Las guerras napoleónicas son fruto del interés comercial de la burguesía de las ciudades francesas y a la intransigencia del resto de potencias que no aceptaban al nuevo estado laico (sólo de fachada), republicano (solo de fachada) y seguían exigiendo la restauración monárquica.

 

 

Aún con las contradicciones político-ideológicos del régimen imperial el ejército conserva los ascensos por talento y las levas masivas factores claves en su superioridad numérica (Francia es el país más poblado de Europa) arrojo en batalla. De igual manera a la hora de mantener conquistas territoriales como en Península Ibérica perderá sus características ventajosas, volviéndose tanto la ideología exportada como las técnicas bélicas en su contra. Otro factor decisivo en recavar apoyos populares fue mantener la igualdad ante la ley, uno de los principales objetivos revolucionarios, así como el arreglo equilibrado a las ocupaciones de tierra por abandono que fueron legalizadas a cambio de retribuciones. El otro gran tema ideológico era las relaciones y privilegios de la Iglesia, así como los nombramientos, impuestos y administraciones de las propiedades eclesiástica e incluso de los Estados Papales. Las relaciones del Imperio con la Iglesia se basaron en la intención de usarla para apaciguar al pueblo y como vehículo de exaltación del Imperio y del emperador. Según Los primeros pasos fueron detener la persecución religiosa y decretar la libertad de los sacerdotes detenidos, reabrir los templos al culto y restablecer una República Romana bajo autoridad papal (…) se firmó el concordato de 1801 por el que el Estado Francés se declaraba laico pero reconocía que la religión mayoritaria era la católica y se obligaba a mantenerla económicamente. (Paredes íbid pág. 127). Esta situación se mantuvo hasta 1806 en el que las relaciones quedaron rotas a causa de las pretensiones de aplicar el bloqueo continental, la exigencia de expulsar a todos las personas de nacionalidades enemigas de Francia, al final el expansionismo francés no podía permitir una neutralidad ecuménica del centro y sur de Italia, cuando invadió la República Romana, el Papa lo excomulgó al emperador y éste lo hizo detener. Por eso vemos en el mapa la zona del centro de Italia como territorio imperial.

El mapa también es fruto de varios tratados y decisiones personales de Napoleón que se pudieron aplicar gracias a las victorias (terrestres) y derrotas (marítimas) del ejército francés. A partir de 1805 Francia derrota la tercera coalición de Rusia, Imperio Austríaco e Inglaterra con el reino de Nápoles y Suecia como socios menores. Firma el tratado de Pressburgo con Austria con importantes modificaciones territoriales.

En 1806 Napoleón reordena Alemania de tal forma que Prusia, Austria y Rusia declaran la guerra otra vez y son derrotados rápidamente. Esta nueva etapa dejan a Prusia y Sajonia ocupadas totalmente y el reino de Nápoles corona a José Bonaparte. Aunque Sicilia sigue protegida por los ingleses.

En 1809 Austria y Francia firman el tratado de Shonburnn por el cual se crean el Gran Ducado de Varsovia y se crean las Provincias Ilirias por el cual el Imperio pierde su salida al mar.

Durante estos 4 años (1806-1810) Francia irá anexionando territorios directamente bajo su control hasta mostrar el dibujo que vemos en el mapa.

Podemos suponer también que la pérdida en Trafalgar y la venta de Louisiana demuestran que las posteriores guerras son consecuencia del cambio de estrategia napoleónica para expandir su territorio, economía y recursos. Esta ofensiva responde además con los intereses de la burguesía francesa que había apoyado a Napoleón en su golpe de Brumario y la misma que 10 años antes había visto con buenos ojos los inicios revolucionarios como respuesta a la incompetencia de la monarquía en liderar una expansión colonial y la anterior derrota en la Guerra de los siete años. Por el otro lado, su enemigo del último siglo, Inglaterra, veía la guerra continental como una guerra económica en la que el dominio de los mares y rutas prevalecía sobre los sistemas de cada estado3. Estas motivaciones son paralelas a la guerra entre sistemas que se desarrollaba en las sociedad continentales y que provocan movimientos económicos, de tropas e intenciones políticas que el mapa no deja entrever. Por ejemplo España y la guerra de guerrillas que amenazó constantemente la ocupación y a los efectivos franceses; la dificultad de abastecimiento intendencia y logística que tenía la Grand Armeé; la deficiencia naval o mejor dicho la inferioridad respecto a ingleses tanto en el Mediterráneo, como en el Atlántico y en número total de naves que llevarían al fracaso la estrategia de bloqueo continental como las constantes coaliciones que atacaron Francia hasta que no quedaron más que Rusia e Inglaterra, como sabemos, la derrota después de ocupar Moscú y la muerte de medio millón de franceses hicieron abdicar al emperador y firmar un armisticio que volvería a modificar todo el mapa. Este proceso político internacional lo podemos rastrear hasta el comienzo de la Revolución Francesa. Es el proceso por el cual las potencias coloniales y económicas europeas excluyen de las negociaciones diplomáticas decisivas al resto del mundo. En Europa intentaron sancionar “la racionalización del territorio del mapa político de Europa”4. Sin embargo no sólo el resto de naciones o Estados sino las mismas soberanías nacionales o populares son ignoradas y combatidas ideológica y políticamente con la Santa Alianza y los numerosos tratados y congresos celebrados y por las decisiones estratégicas del Imperio Francés. El más importante a la hora de representar la estructura política europea durante los siguientes 50 años fueron el tratado de París (1814) por el cual se convocaba el congreso de Viena que empezó en 1814-15. Precisamente cambian totalmente el dibujo que vemos en el mapa pero tenemos que mencionarlos como la culminación del proceso diplomático ya mencionado combinando acuerdos públicos y secretos así como prioridades y jerarquías a la hora de “invitar a todas las potencias comprometidas de una u otra manera en esta guerra” según el artículo del tratado mientras se acordaba en secreto que las decisiones serían tomadas por los integrantes de la Cuádruple Alianza Rusia, Gran Bretaña, Austria y Prusia. (Paredes. Íbid 139). Incluso el término “concierto de las naciones” fue usado y puesto de moda entonces y aún se pretendía que fuesen periódicos, aunque solo se celebrase una vez más y Gran Bretaña lo abandonase en 1818.

En definitiva las consecuencias de la expansión francesa que vemos en el mapa no perduraron mucho tiempo, las que no se pueden expresar en un mapa sí que lo hicieron. Además las posteriores modificaciones territoriales que obligó o provocó la derrota francesa sí que perduraron durante los siguientes 40 años. Si las sumamos a las del resto de ámbitos de la vida de las personas en Europa y buena parte del mundo colonizado y, a la larga, al resto de habitantes como hemos visto durante el curso, no es extraño que estos 25 años (1789-1815) sean llamadas la época de transición de la época moderna a la contemporánea.

 

Bibliografía

Paredes, Javier coord. Historia contemporánea universal. De las revoluciones liberales a la Primera Guerra Mundial. Tomo I. Ed. Ariel. Madrid, 1999.

Hobsbawm, Eric. La Era de las revoluciones. De 1780 a 1848. Ed. Crítica. Madrid, 2001. Primera edición 1971.

Hobsbawm,, Eric Naciones, nacionalismos desde 1780. Ed. Crítica. Madrid, 2002.

 

 

Anexos

 

1

http://us.123rf.com/400wm/400/400/valipatov/valipatov1208/valipatov120800224/14915225-marmol-antiguo-estatua-del-primer-emperador-romano-octavio-augusto-en-el-museo-historico-de-la-ciuda.jpg

2

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/2/28/Ingres,_Napoleon_on_his_Imperial_throne.jpg

 

 

 

 

1. Hobsbawm, Eric Naciones, nacionalismos desde 1780. pág 24.

2. Paredes, Javier coord. Manual de Historia contemporánea universal. Pag 129. En adelante: Paredes y nº de página.

3Hobsbawm, Eric. La Era de las revoluciones. De 1780 a 1848. (pág 81).

4Hobsbawm,, Eric. La Era de las revoluciones. De 1780 a 1848. (pág 86)

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